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El síndrome Schwarzenegger

En 1990 se estrenó Total Recall una cinta dirigida por Paul Verhoeven, quien es mejor conocido por haber creado esa odisea cyber-gore llamada RoboCop.

El argumento de esta cinta es simple. Es el año 2084, Doug Quaid es un hombre que lleva una vida aparentemente tranquila, vive atormentado por una pesadilla que todas las noches lo transporta a Marte. Decide entonces recurrir al laboratorio de Recall, una empresa de vacaciones virtuales que le ofrece la oportunidad de materializar su sueño gracias a un fuerte alucinógeno, pero la droga hace aflorar a su memoria una estancia verdadera en Marte cuando era el más temido agente del cruel Coohagen.


O como dice un personaje secundario en los primeros 15 minutos de la película: “By the time the trip is over you get the girl, kill the bad guys and save the entire planet”.

Total Recall es protagonizada por, el para ese tiempo ya famoso, Arnold Schwarzenegger y sus múltiples marionetas. El cual añadiendo su pobre actuación a la sopa, hacía que los momentos de humor negro que ahogan a la cinta brillaran como oro, y lograran hacer pasar el paupérrimo guion como una genialidad de la comedia.


Si a esto le sumamos la gran cantidad de efectos especiales que se utilizaron para recrear marte, y el trabajo del maquillaje gastado para lograr enseñarnos como parecerían los seres nacidos en el planeta rojo; es casi obvio que el filme se volvería un gran éxito en taquilla, y que con el paso del tiempo se convertiría en un clásico de la ciencia ficción. (Bueno, algo así)

Y así pasaron 22 felices años en los cuales de vez en cuando uno se topaba en la televisión (mayormente en el Canal 5) esa cinta en la cual Schwarzenegger sale vestido de mujer, o con una toalla enredada en la cabeza. Es cierto que los efectos que se aplaudieron en su momento ya no nos impresionan tanto actualmente, pero sigue siendo muy divertida de ver, o “pa’pasar el domingo” como dirían algunos amigos.


Entonces sin que nadie, en serio, nadie lo pidiera. Un productor de esos que solo quieren llenarse los bolsillos de dinero sin importarles que destruyan para conseguirlo, decide dar rienda suelta a un remake. Si bien yo creo que no todos lo remakes son malos de a ley, que algunos pueden llegar a ser tan buenos como el filme original, y en casos muy particulares estos pueden superar a su predecesora. Bueno, este no es el caso.

Comenzaré diciendo, solo para que vayan dándose cuenta de hacia dónde va la cosa, que el director de semejante bodrio es el culpable de las dos primeras cintas de esa insufrible saga de vampiros y licántropos llamada Inframundo, de las cuales decir que son bazofia es redundancia.

En esta versión Rekall (Si, con K) es una empresa que puede convertir los sueños en recuerdos reales. Para Douglas Quaid (Ahora representado por el siempre plástico Colin Farrell) la idea de hacer un viaje mental que le proporcione recuerdos de una vida como superespía puede ser la solución perfecta para contrarrestar su frustrante vida. Desafortunadamente el proceso sale mal, y Quaid se convierte en un hombre perseguido por los agentes de un estado totalitario. En su huida, se asocia con una combatiente rebelde con el fin de encontrar al cabecilla de la resistencia clandestina.


La gran falla de esta nueva versión es haber intentado ser más “realista” que la original, restándole así esa comedia que fue lo que hizo funcionar a la original. Por eso al final la película no pasa de ser una más de tantas cintas de acción con muchos efectos especiales, chicas cachondas, carros explotando (aunque ahora futuristas), y una fotografía cumplidora.

Alan E. Rejón Mares

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